SIMÓN RODRÍGUEZ

PENSADOR PARA AMÉRICA

Juan David García Bacca

Presentación J. L. Salcedo Bastardo.

Advertencias

Prólogo

Capítulo Primero. Simón Rodríguez. Sócrates.

Capítulo Segundo. Simón Rodriguez. Filósofo cosmopolita. Diógenes.

Capítulo Tercero. Simón Rodriguez. "El hombre más extraordinario del mundo".

Final.

 

     Se honra el Gobierno Nacional presentando en las Ediciones de la Presidencia de la República esta preciosa obra de nuestro renombrado filósofo Juan David García Bacca, sobre el más preclaro de los filósofos de Venezuela: Simón Rodríguez.

     La feliz circunstancia de celebrarse en 1978 el sesquicentenario de la publicación inicial de Simón Rodríguez -"Pródromo" para "Sociedades Americanas en 1828 ", editado en Arequipa— acrece el valor de este homenaje de la Patria a tan ilustre hijo. No fue Rodríguez solamente el Maestro del Libertador; escribió, además, diversos libros en que dejó retratada su alma sabia y única. Allí luce su pensamiento de inigualada profundidad, novedoso en su forma, erudito sin ostentación y ante todo formulador de originales doctrinas sobre las disciplinas políticas primordiales, educación, economía, ciencias del hombre. Resalta su perfil revolucionario y su aspiración de cubrir y servir, de modo global, a nuestra brava América. En su tiempo fue el pensador de mayor creatividad; por su rebeldía, un orientador de segura clarividencia. Sus teorías educativas apenas si comienzan a aplicarse en buena parte hoy. Su poder de anticipación llevóle, en varías rutas, a insospechables distancias y al drama de los precursores: ser incomprendido. Fue el primero en preconizar que después de la Independencia política había que realizar la independencia económica. Sus textos —los que se salvaron de circunstancias adversas— han sido compilados en dos volúmenes de unas mil páginas en total, por la Universidad que en Caracas lleva su nombre con especial dignidad.

     Conocido mundialmente por la calidad de sus obras y por su notable proyección docente, García Bacca titula con exactitud este libro: "Simón Rodríguez, pensador para América". Queda, así, definido el gran Maestro caraqueño, porque fue sobre todo un adalid del pensamiento, pero con destino, en su empeño, su ilusión y sus ideas, a toda nuestra América, cuya libertad cultural buscaba con vigoroso tesón y ahínco.

Un tríptico forma este libro del filósofo: "Simón Rodríguez —Sócrates"; "Simón Rodríguez, filósofo cosmopolita— Diógenes"; y "Simón Rodríguez, el hombre más extraordinario del mundo". Ya antes como antecedente prestigioso y válido. García Bacca había publicado en Caracas, en 1954, su célebre "Antología del Pensamiento Filosófico Venezolano en los siglos XVII y XVIII", en la cual dedica una parte extensa a Andrés Bello y su "Filosofía del Entendimiento". El análisis que hace ahora de Simón Rodríguez es no sólo de raíz muy honda, sino además de entidad definitivamente consagratoria. La sabiduría del reputado profesor en muchos volúmenes suyos, deja señaladas, en tersas páginas el inmenso valor de aquel Maestro para quien "La ignorancia es la causa de todos los males que el hombre hace y hace a otros", y "La Filosofía está donde quiera que se piensa sin prevención, y consiste en conocer las cosas para reglar nuestra conducta con ellas, según sus propiedades".

 

     Simón Rodríguez sirve a Venezuela y a la causa de la integración americana con sus verdades y su genio sin paralelo. El se hermana e identifica con los auténticamente grandes venezolanos en esa dimensión continental de su ámbito. En su esencia el genuino pensamiento de Venezuela es integracionista y americano. El mensaje de Rodríguez es terminante: "Las Repúblicas nacientes de la India Occidental sean amigas, si quieren ser libres... Ha llegado el tiempo de entenderse con palabras".

 

     Recordar que hace 150 años salió a luz el primer fruto sobresaliente de su inteligencia inmortal —excelente prueba del amor de Venezuela a la unidad americana— es un acontecimiento que a todos nos llena de júbilo. El estudio de García Bacca corresponde como pocos a esa eminente evocación, fiesta de orgullo patrio y de justicia incuestionable.

 

                                                                                              J. L. Salcedo-Bastardo

                                                                                Miraflores, 10 de mayo de 1978

 

 

 ADVERTENCIAS

 

1)  Para esta obra se ha empleado la edición de "Obras completas de Simón Rodríguez", en dos tomos, patrocinada por la Universidad  Simón Rodríguez, Caracas, Venezuela, 1975.

Tomo I, 521 páginas; tomo II, 550 pág.

Además se hace en esta obra amplio uso de "Biografía de Simón Rodríguez, Maestro de América", por el Profesor Alfonso Rumazo González, edición patrocinada también por la Universidad Simón   Rodríguez, 1976, 312 páginas.

Para citar brevemente la primera obra se emplearán las siglas  O.C. Para la segunda, las BSR.

2) En las citas de Simón Rodríguez se ha reformado la ortografía para facilitar la lectura actual.

3)  Simón Rodríguez trabajó de tipógrafo (de cajista) en Baltimore durante tres años (1798-1801). Tipógrafo, juntó y realzó su pericia artesanal con sus dotes pedagógicas y estéticas. Empleó los diversos tipos de letra para hacer resaltar —que es modo adecuado de énfasis en imprenta— ciertas palabras y frases según la importancia conceptual, lógica, sentimental dentro de la Página, que es el escenario propio de la imprenta.

 

La Página, tales páginas, ascienden así desde el nivel del impreso comente a la originalidad de una partitura musical: notas de diversa duración, ocupando algunas compases enteros, en vacío o silencio de otras, a oír solas o acompañadas, con indicaciones de ritmo, énfasis. La Página, algunas páginas, cual constelaciones astronómicas. Con estrellas de primera, segunda magnitud y luminosidad...: soles, planetas, satélites. Aquí en la Página, los tipos de letras y su disposición presentan constelaciones de conceptos, su orden, su distribución de valores.

 

La página: partitura - constelación.

 

En la edición "Obras Completas" puede el lector ver y admirar la función educativa y estética de la Página, tal cual la concibió e hizo imprimir Simón Rodríguez.

 

Por razones comprensibles, esta edición emplea los recursos tipográficos corrientes actualmente.

 

PROLOGO

 

     Simón Bolívar llamó a Simón Rodríguez "El Sócrates de Caracas" y "filósofo cosmopolita". (O.C. T. 1, pg. 81; BSR, pg. 131, 191).     

    

     No se extrañará, pues, el Lector de que un filósofo por vocación y profesión se haya sentido aludido, conmovido y animado a estudiar la personalidad y obras del Maestro del Libertador que tales epítetos le  dió.

 

     Añádase que en la carta del 19 de Enero de 1824, Simón Bolívar, con el título ganado y afirmado ya de Libertador —respuesta a la de Simón Rodríguez— comience diciendo: "Oh mi Maestro"; y prosiga "Sin duda es usted el hombre más extraordinario del mundo" (O. C. T. 1, pg.69).

 

     ¿Qué filósofo y hombre no envidiara a Simón Rodríguez por tales elogios, y por venir de quien venían?

 

     ¿Qué hizo Simón Rodríguez para merecerlos, y merecerlos ante una persona que comenzó por ser discípulo suyo y que se hallaba ya en el cenit de una carrera histórica tan esplendorosa que ocultaba su nombre de pila bajo el que le dieron Naciones, y le dan aún Naciones e individuos: "El Libertador"?

 

     ¿Qué hizo, en concreto, Simón Rodríguez para merecer ser llamado "Sócrates", "filósofo cosmopolita" y "el hombre más extraordinario del mundo"?

 

La presente obra se divide natural e imperativamente en tres capítulos:

     

Capítulo primero: Simón Rodríguez: Sócrates.

Capítulo segundo: Simón Rodríguez: filósofo cosmopolita.

Capítulo tercero: Simón Rodríguez: el Hombre más extraordinario del mundo.

   

     Y tomando nosotros en serio, como lo hizo el Libertador, la palabra de "Maestro", ¿qué lecciones podemos y debemos aprender de un Maestro que fue en unidad de persona Sócrates, filósofo cosmopolita y el hombre más extraordinario del mundo?

 

     Simón Bolívar —El Libertador— lo llama mi Maestro, con esa palabra de mío que es, en uno, expresión de cariño, de respeto y de propiedad privada, de una de las poquísimas cosas que como propiedad privada Simón Bolívar conservó durante toda su vida.

 

     El Autor de esta obra intenta que Autor y Lectores podamos, al final de ella, llamar a Simón Rodríguez nuestro Maestro.

 

                                                                                                                   J. D. G. B.

                                                                                                    Caracas, 25-V-77.