SIMÓN RODRÍGUEZ

PENSADOR PARA AMÉRICA

Juan David García Bacca

Presentación J. L. Salcedo Bastardo.

Advertencias

Prologo

Capítulo Primero. Simón Rodríguez. Sócrates.

Capítulo Segundo. Simón Rodriguez. Filósofo cosmopolita. Diógenes.

Capítulo Tercero. Simón Rodriguez. "El hombre más extraordinario del mundo".

Final.

CAPITULO SEGUNDO

Simón Rodríguez. Filósofo cosmopolita. Diógenes

 

     En Simón Rodríguez vio el Libertador, además del Sócrates, el filósofo cosmopolita (O.C. T. 1, pg. 81; BSR. pg. 131-191).

 

     Del Sócrates de Atenas consta documentalmente que nunca salió de Atenas sino por obligaciones de servicio militar, y éstas reducidas al Atica. No fue cosmopolita en sentido geográfico estricto. Otros cual Solón, Tales, Platón. . . visitaron algunas partes del entonces conocido cosmos: Egipto,  Asia Menor,  Sicilia, la Magna Grecia...; fueron cosmopolitas reales por viajeros o peregrinos; fueron espectadores del mundo en cuanto "teatro", que eso significaba su palabra "teatro": espectáculo, y peregrinación se decía "teoría". Teatro y teoría la misma palabra en raíz. Salir a ver, cual Solón y Tales, viajar para ver todo cual espectáculo para espectadores; mas no viajar para tomar parte en el espectáculo. Nada de vivir cosmopolíticamente cual ciudadanos del universo. El filósofo comenzó por ser y definirse como "amigo de mirar". Literalmente "filotheamón": amigo de contemplar el mundo y todas las cosas cual espectáculo teatral (theatron, theamón, theoría, teatro). Así define Platón al filósofo en el diálogo "República" (476 a, b). El filósofo es cosmopolita espectador; no, ciudadano del mundo.

 

     Ni la palabra cosmopolita ni la frase "filósofo cosmopolita" son clásicas griegas.

 

     Polis, Politeía, Polites, Política son inventos griegos de vida colectiva. Ciudad  (Polis), ciudadanos  (Polites), Régimen ciudadano político (Politeia): Arte-ciencia de gobernar Ciudadanos (Política) y virtudes humanas necesarias para sentirse los hombres ser y vivir cual ciudadanos, todo ello, dicho condensadamente, es invento griego.

 

     En rigor según tal criterio, los bárbaros, los demás hombres, no tienen Ciudades —por grandes que, cual Babilonia, sean sus aglomeraciones humanas y pétreas— ni sus hombres son ciudadanos, sino vasallos, súbditos o siervos; ni hay Regímenes políticos, sino Tiranía o Realeza Absoluta. El Gran Rey es el modelo. Sus gobernantes no gobiernan según Ciencia-Arte, sino según "orden y mando".

 

      El Sócrates de Atenas fue ciudadano de Atenas y dio los mejores,  más espectaculares y edificantes ejemplos, de virtudes ciudadanas. Que  no saliera de Atenas, para él la Ciudad por excelencia, fue natural  secuela de su carácter ciudadano. No fue, por obligación de conciencia  ciudadana, filósofo cosmopolita. Fue el Sócrates de Atenas; de Atenas,  nada más.

 

      El Sócrates de Caracas fue realmente filósofo cosmopolita. Cosmopolita geográficamente, por de pronto: Jamaica, Estados Unidos, Francia, Suiza, Austria, Polonia, Rusia, Italia, Prusia, Inglaterra (BSR, pg.  55-95); y en América, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Chile,  Bolivia. Y no de espectador curioso, sino de conviviente en vida, lengua,  magisterio, penurias, goces, acontecimientos históricos en muchas de tales  Naciones; mas de ciudadano en otras, sobre todo y ante todo en la  Gran Colombia.

 

      26 años de cosmopolitismo real fuera de América.

 

      El Sócrates de Caracas fue, además, cosmopolita lingüísticamente.   "En la población de Azángaro, en la ruta de Oruro a Arequipa, Rodríguez hace alto; necesita ganar algún dinero para proseguir; quizás se quedó unos meses. Allí fue visitado por un viajero francés Paúl Marcoy quien dejó en su obra "La Tierra y sus habitantes" (T. II, pg. 391) el siguiente relato:..  «al darle (a Simón Rodríguez quien le invitó a cenar) las gracias por su bondad contestóme con acento afectuoso en mi lengua natal:

 

     —Sois francés, según veo y hasta aseguraría que de la parte meridional.

 

     —Sí, le contesté con la sorpresa que se comprenderá fácilmente,  pero también vos sois francés.

 

      Lo mismo que inglés, alemán, italiano o portugués, aunque hablo estas lenguas tan correctamente como la vuestra, sin contar todos los  dialectos que de ellas dependen y que me son igualmente familiares.

 

     Miré con asombro de pies a cabeza al singular "polígloto"» (BSR,  pg. 171).

 

      El Sócrates de Caracas era, real y asombrosamente, polígloto.  Cosmopolita por polígloto.

 

      El Sócrates de Atenas no habló más que una lengua —y esa realmente perfecta, y tal vez la más perfecta que haya existido. La habló,  la estudió, la perfeccionó, la meditó filosóficamente y la cultivó Sócrates  hasta en su forma poética. Puso en verso fábulas de Esopo obedeciendo a inspiración divina, revelada en ensueños. Así lo confesó en el diálogo  final de su vida: el Fedón (60 c, d).

 

      Rodríguez conoció y dominó el latín y de él lo aprendió Bolívar  (BSR, pg. 8) de quien «el general Tomás Cipriano de Mosquera dice  en sus Memorias que "los Comentarios" de Julio César y los "Anales"  de Tácito eran lectura constante de Bolívar» (BSR, pg. 71).

 

      Rodríguez tradujo del francés al español.

 

ATALA

o

Los Amores

de

Dos Salvajes

en el desierto

(O.C. T. II, pg. 433-499).

 

     Lo que Chateaubriand pudo escribir y escribió en el párrafo final de Atala, guiado solamente por su imaginación poética y con el colorido y calor de su inspiración romántica, lo pudo decir Rodríguez, el traductor, guiado  por la experiencia inmediata de compartida convivencia:

 

           "¡Indios desgraciados!, que he visto  errantes por  los   desiertos  del Nuevo Mundo con las cenizas de vuestros abuelos. Vosotros ejercitásteis conmigo la hospitalidad a pesar de vuestra miseria, y yo no podría ofrecérosla hoy; porque vago  como vosotros sujeto al favor de los hombres y menos feliz  en mi destierro porque no llevo los huesos de mis padres".

                                                                                          (O.C.T. II, pg. 499)

 

  Cosmopolitismo  geográfico,  lingüístico  y  social  de  Simón Rodríguez.

 

     Rodríguez traduce "Atala" cual acto de agradecimiento "A la juventud de Bayona en Francia" (l.c. pg. 433).

 

     Preguntémonos  si Rodríguez —S. Robinson— escogió de entre otras obras, muchas y notables, de Chateaubriand, precisamente esa, por tratar de un tema cordial para él, — pretexto más bien para el romántico Chateaubriand.

 

     En todo caso ¿qué tipo de filósofo afloraba en S. Rodríguez y lo apartaba del de filósofo dialéctico —dechado de él el Sócrates de Atenas— y lo apartaba precisamente a él, al Sócrates de Caracas del Sócrates de Atenas?

 

     ¿Afloraba en Rodríguez el cosmopolita social y el político? Sócrates de Atenas no dialogó nunca, fuera de una ocasión, con esclavos o sirvientes domésticos. Y eso que los había, y numerosos. En el diálogo "Menón", por notable excepción, y para demostrar a Menón —noble y rico— la teoría o creencia mediante la reminiscencia, en la inmortalidad del alma, pídele Sócrates que haga venir un esclavo, criado en su casa desde pequeño, que hable griego, a fin de demostrar a Menón que,  aun  en  el  alma  del  sirviente,  está  subyacente, subconsciente diríamos, la ciencia geométrica adquirida en el mundo supracelestial, antes de la venida de su almita a este mundo sublunar en que le cayó en suerte —buena o mala— la de nacer esclavo de señor rico y noble, y de raza griega. Si tal sucede en el alma del criadito ¿qué no pasará en la del noble? El esclavo sirve, una vez más y de otra manera, al Señor, al alma del Señor. Tras breve diálogo, Sócrates despide al criadito quien vuelve a tareas menos metafísicas, más caseras y más serviles.

 

     El Cabildo de Caracas otorga a Simón Rodríguez el título de maestro, el año 1791. Los comisionados dijeron: "Que desde luego admitían al dicho Simón Rodríguez para servir la Escuela de Niños de primeras letras. . . (O.C. T. 1, pg. 22). A los veintiún años se inicia de maestro de escuela de niños: de ciento catorce niños (ibid.. pg. 29): "blancos, morenos, indios" (pg. 41).

 

     En 1 de Diciembre de 1825, Simón Rodríguez es nombrado por Bolívar Director general de Educación para Bolivia.

 

     En 1828 dirá con valentía y sinceridad desafiantes Rodríguez:

 

"DENSEME MUCHACHOS POBRES

                                                          declaran libres al nacer

                                                                                o

o dénseme los que los hacendados       no pueden enseñar

                                                                                o

                                                          abandonan por rudos

                                                              

                                                          porque ya están grandes

                                                                                o

o dénseme los que la Inclusa bota        porque no pueden mantenerlos  

                                                                                o

                                                         porque son hijos legítimos

(O.C. T. l, pg. 313).

 

 

   Esto es ser maestro y director de Educación con cosmopolitismo social.

 

     ¿De quién lo aprendió, o le afloró?; o le salió a flor de palabras y obras de lo profundo de su persona por "filósofo cosmopolita?"

 

     Claro está que Rousseau, Voltaire... debieron influir en él. Pero esa frase "Dénseme, dénseme, dénseme..." ni salió ni pudo salir de Rousseau, de Voltaire. "Dénseme..." no es una frase; es un insulto, un desafío, inclusive frente a Rousseau, Voltaire.

 

     Sócrates, el de Atenas, dio buenos ejemplos de menosprecio por las convenciones sociales de la clase aristocrática, rica, noble, de Atenas, Tesalia,  Creta... Contra  las  convenciones  en  vestir,  calzar,  hablar, pensar, obrar.

 

     Siguiendo, y exagerando, tal dirección la escuela llamada de cínicos y cirenaicos que por socráticos se tenían y eran tenidos, proclamarán en palabras expresas y en obras escandalosas el cosmopolitismo y el ascetismo ostentosos.

 

     A  la cuenta  de Diógenes el  Cínico se cargarán  anécdotas  que historiadores, —más que historiadores chismógrafos,  distantes hasta seis siglos de Sócrates, cual  Diógenes Laercio— transmitirán complacientemente a la posteridad.

 

     Y el nombre de "cínico" resonará a desvergonzado, disoluto, indecente, impúdico, a pesar de que "cínico" comenzó por designar sencillamente el perro (kyon) que Diógenes llevaba siempre consigo de compañero.

 

     Rodríguez — Diógenes tienen un rasgo común a los dos y distintivo de los demás:

 

     Por los tiempos de Diógenes (siglo IV a. C), Macedonia, en la persona de Alejandro Magno, había impuesto a Grecia, Asia Menor, Persia, Egipto, Palestina, India...  un universalismo político, económico, cultural y lingüístico que, posteriormente, se denominará "helenismo". De Alejandro Magno se cuenta que, atraído por la fama filosófica de Diógenes, por la rareza de su vida, —¿por casa un tonel?— y  por lo deslenguado de sus expresiones, fue a verlo y creyendo, con la  ostentosa fatuidad de Potentado, honrar al filósofo, le preguntó: "qué  deseaba". Diógenes le espetó el famoso dicho: "que te quites y me  dejes tomar el sol".

    

     Desde el siglo IV a. C. al XIX van bastantes siglos.

 

     Bolívar y Rodríguez tendrán la oportunidad de repetir, a su manera y sazón histórica, el gesto y palabras de Diógenes ante Alejandro  Magno. Ellos: Bolívar y Rodríguez ante Napoleón.

 

     "El 2 de Diciembre de aquel 1804, Napoleón se coronó Emperador en la basílica de Nôtre Dâme, con asistencia del Papa Pío VII. Fue un acto teatral, entre grandioso y ridículo. El nuevo monarca se puso a sí mismo la corona y luego colocó la de la Emperatriz en la cabeza de su esposa Josefina, en doble acto de desprecio al Papa. En Nôtre Dâme, años antes, había sido llevada al altar la Diosa Razón".

 

     "Robinson y Bolívar alejáronse de la multitud que deliraba en aclamaciones;  encerráronse en  la  habitación  del  primero y hasta cerraron las ventanas por no escuchar el bullicio masivo que discurría por las calles. Toda protesta silente, no espectacular, es más profunda. Comentará Robinson: Sorpresa, no admiración, fue el efecto que produjo en sus compañeros de armas el disfraz del Emperador, dirá Bolívar: Se hizo Emperador, y desde aquel día lo miré cual tirano hipócrita" (BSR, pg. 73).

 

     El Sócrates de Caracas, y quien así lo llamó, reasumían ante la actitud petulante, ostentosa, del Alejandro Magno de Europa la actitud de Diógenes. Sin desenfado en la forma; con franqueza real. "Fortiter in re, suaviter in forma", dirán por norma los romanos clásicos.

 

     Petulancia ostentosa —ascetismo ostentoso— ascetismo modesto.

 

     Cosmopolitismo militar-cosmopolitismo político democrático.

 

Diógenes el Cínico. Estatua conservada en el British Museum.

Dibujo de Nicolás Delgado.

Diógenes el Cínico, sin vestido. Dibujo de Nicolás Delgado.

     De Diógenes el Cínico se cuenta que durante el día, a plena luz, se paseaba por Atenas con una linterna encendida,  "buscando,  decía, un Hombre". ¿Que no eran hombres tantos y tantísimos como había en el ágora, la ciudad entera y Grecia? No era Hombre natural; era Hombre convencional. Diógenes no hallaba al hombre natural: al hombre que según la clásica sentencia y norma de los estoicos de aquellos tiempos, "viviera en consonancia y concordancia con la naturaleza."

 

     De Simón Rodríguez se ha conservado el retrato hecho por un discípulo suyo: A Guerrero en Latacunga, hacia 1850.

 

     Simón Rodríguez se dirige, al parecer, a casa por la noche, llevando una especie de linterna sujeta en la parte inferior del bastón, para alumbrar el camino.

 

               ¿En qué iría pensando Simón Rodríguez?

 

                 ¿Tal vez en el Hombre Americano?

     No es fácil de hallarlo ni de noche ni de día, —ni en Latacunga ni en otras partes de América: Pero Simón Rodríguez sabía lo que buscaba. Y en el capitulo siguiente "El hombre más extraordinario del mundo", S. Rodríguez explicará, qué entendía por Hombre Americano; y según tal criterio sabrá si lo que hallaba —de día o de noche— era o no lo que buscaba. Si no lo hallaba hecho, real, existente, al menos  sabia Rodríguez lo que debía y podía ser.

 

    ¿Iría cual el Diógenes de Atenas, pensando y diciéndose lo que en 1828 escribirá: "o inventamos o erramos"?  (Sociedades Americanas, O. C.T.1, pg. 343).

 

    ¿Qué inventa Simón Rodríguez "el hombre más extraordinario que ha conocido y tratado el Libertador"? ¿Qué inventa para el Hombre Americano, para que se realice cual original?

 

     "La América Española es original —originales han de ser sus Instituciones y su Gobierno— y originales los medios de fundar uno y otro".

 

     "O inventamos o erramos". (1.c.Q)

 

Simón Rodriguez. Retrato hecho por un discipilo suyo: A. Guerrero, en Latacunga, hacia 1850.

Copia de Nicolás Delgado